miércoles, 4 de febrero de 2009

INTENTO AUTOBIOGRÁFICO NÚMERO CUARENTA

Estoy aquí encerrado escribiendo. A veces leo, a veces hago el amor. Cuando alguien se atreve a mi escritura inédita, y viene a visitarme me entero de alguna cosa de la calle. Nunca pido detalles, dejo que el otro me cuente lo que quiere. Cuando ya no da más, cuando ya no tiene qué decir, le leo alguna página.
Yo salgo poco, es cierto, pero también es cierto que a casa viene poca gente. Y cuando vienen, a veces, no me dan tiempo para reaccionar. A veces estoy durmiendo y se van antes de que me despierte. Hoy día la gente vive apurada. Lo recuerdo a papá con una valija de 50 kilos en una mano y con otra valija de 50 kilos en la otra, caminando lentamente, balanceándose de un lado para otro, como si ese movimiento disminuyera el peso de las valijas.
A veces sentado en la puerta de mi casa en Chiclana, lo veía venir, y me ponía a gritar: ¡ahí viene papá! y papá tardaba veinte minutos en recorrer las dos calles desde la parada del tranvía, hasta casa. Y salía corriendo y, él, dejaba las valijas en el suelo para besarme en las mejillas y, yo, trataba de levantar alguna de las valijas y no podía y él, mientras, se ponía de nuevo en movimiento y diciendo que no, primero con la cabeza, me recordaba que su padre siempre le decía, que cuando creciera, si crecía bien, podría más. Y yo a mi padre le creía.

1 comentario:

  1. Hola viejo feliz, esta manera de escribir es única, ¡esa manera de condensar y desplazar...! En este post se puede entender que es fundamental tener a quien creer, el padre mismo es cuestión de creencia, como todo lo simbólico.
    Te sigo aunque no siempre haga comentarios

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